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Algo está podrido en los cultivos de camote

By Divya Amladi with translation by Carmen Sanchez Cumming
Ramón (izquierda) y Pedro trabajan en una granja, en Carolina del Norte, que provee productos agrícolas a Whole Foods. Están en busca de un salario justo y un trato digno. Lianne Milton/Panos for Oxfam America

En Carolina del Norte, trabajadores migrantes denuncian abusos en la cadena de valor de Whole Foods.

En abril, Ramón, de 25, y Pedro, de 29, viajaron de México a Estados Unidos con el sueño de llegar a una tierra llena de oportunidades: campos extensos en los que trabajar—hacer un trabajo arduo, pero satisfactorio—que les permitiera apoyar a sus familias.

En México fueron reclutados por contratistas, quienes los acompañaron y aconsejaron mientras solicitaban visas H-2A, un tipo de visa que permite que extranjeros trabajen en el sector agrícola estadounidense por una temporada.

“Queríamos venir a Estados Unidos de forma legal, a través de una visa,” dice Ramón. “Estamos en busca del Sueño Americano que muchos mexicanos quieren alcanzar.”

Los reclutadores les prometieron que todos los costos asociados con el viaje a Estados Unidos—el trámite de las visas, el transporte, la comida, el alojamiento—serían cubiertos por su nuevo empleador. Ramón y Pedro juntaron 25,000 pesos cada uno (alrededor de $1,300 dólares americanos) para asegurar sus trabajos. “No es fácil conseguir esa cantidad,” compartió Pedro. “Tuve que pedir préstamos y ahora estoy endeudado.”

Para llegar a Carolina del Norte tuvieron que pagar otros $170, los últimos que les quedaban. Pensaron que una vez ahí su empleador, una granja que forma parte de la cadena de valor de Whole Foods, cubriría el costo del transporte. Sin embargo, nunca recibieron un rembolso.

Atrapados en deudas

Lo que Ramón y Pedro ganan no es suficiente para empezar a cubrir sus deudas. En lugar de recibir un salario por horas de trabajo, reciben $1 por cada cubeta de cultivo que recogen. Esto significa que para ganar $100 dólares al día tienen que trabajar suficientes horas para juntar 100 cubetas; en ocasiones no tienen el tiempo suficiente para comer o tomar descansos. Cuando la cosecha no es lo suficientemente grande, solo ganan unos cuantos dólares.

Los empleadores de Pedro y Ramón deducen el costo de comidas de los sueldos de Pedro y Ramón. “Tenemos que pagar $70 todas las semanas [por comidas]. No creo que valga la pena,” dice Pedro. “Solamente nos dan dos comidas al día y no nos dan desayuno. Trabajar en el campo es difícil. Es cansado y hace calor.”

“Estamos acostumbrados a trabajar la tierra. Pero aquí las cosas son muy diferentes,” añade Ramón. “Las temperaturas son extremadamente altas. Es difícil no agotarse cuando a veces tenemos que trabajar durante 10 horas seguidas.”

Si Pedro o Ramón necesitan herramientas o equipo protector para hacer su trabajo, ellos mismos tienen que comprarlo. “Todos los trabajos deben de proveer herramientas y equipo,” dice Ramón. “[Aquí] tú mismo tienes que comprar las herramientas que usas en el trabajo. No es justo que eso tenga que salir de tu bolsillo. Se supone que las compañías tienen que darte esas cosas.”

Si necesitan usar el baño, tienen que caminar media milla para encontrarlo. De otra forma tienen que esperar o usar los arbustos.

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Justin Flores, a la izquierda, y Leticia Zavala, del Comité Organizador del Trabajo Agrícola, están ayudando a Ramón y Pedro a organizarse para reclamar sus derechos. Photo: Lianne Milton/Panos for Oxfam America

Demandando sus derechos

Ramón y Pedro están trabajando con el Comité para la Organización de Trabajadores del Campo (FLOC), un socio de Oxfam en Carolina del Norte, para demandar sus derechos.

“Tenemos derecho al rembolso que nos deben y nos lo explicaron claramente en el consulado [mexicano],” dice Pedro. “Cuando llegamos, no sabíamos que nunca nos iban rembolsar esos costos. Vamos a buscar una forma de luchar por este derecho, que es nuestro.”

Leticia Zavala, organizadora de FLOC, dice que los empleadores que no siguen los lineamientos de la visa, tal como pagarle un salario por hora a sus trabajadores, pueden ser multados. Sin embargo, esto requiere que los trabajadores levanten denuncias. “Hay muchos obstáculos para que un trabajador reporte a su empleador,” explica Zavala. “Está la barrera del lenguaje, el tiempo—pues los trabajadores no trabajan de 9 a 5—y el hecho que muchos empleadores controlan a dónde van sus trabajadores. Además, muchos trabajadores simplemente no conocen sus derechos.”

Ramón y Pedro no son los únicos. En los mismos cultivos, otros 300 trabajadores están enfrentando malas condiciones laborales y maltratos. Junto con Pedro y Ramón, muchos compañeros han alzado la voz, demandado sus derechos laborales, reclamado los rembolsos que les corresponden y exigido una paga justa.

No es una tarea fácil; sus visas podrían ser revocadas o pueden ser colocados en la lista negra. Pero son riesgos que están dispuestos a tomar.

“Muchos trabajadores no hacen nada porque tienen miedo de no poder regresar el siguiente año, tienen miedo de perder su trabajo, o simplemente porque les gusta venir a trabajar y regresar el próximo año,” dice Pedro.

El primer paso para mejorar sus condiciones de trabajo, explica Zavala, es enfrentar a sus empleadores. “Tienen que decirles, ‘Ustedes han violado este derecho y tiene que haber un cambio. Estamos demandando el respeto de nuestros derechos.’” Sin embargo, para que los trabajadores puedan hacer esto necesitan que nosotros, los consumidores, presionemos a sus empleadores y a las compañías a las que les venden sus productos—compañías como Whole Foods—y demandemos mejores condiciones para los trabajadores.

Tienes el poder de ayudar a trabajadores como Ramón y Pedro. Dile a Whole Foods y otros supermercados que le pongan un alto al sufrimiento humano que está detrás de nuestros alimentos.

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