Volcán Tungurahua: una apuesta por la vida
12 02 2008
La tierra tiembla a diario por la erupción del Tungurahua en Ecuador.
Herminia Calvo vive en las faldas del volcán Tungurahua, al igual que 20 mil personas de las provincias de Tungurahua y Chimborazo, en Ecuador. Desde el inicio del actual período de erupción, en 1999, ella y su familia han sido evacuadas en diez ocasiones. Las constantes explosiones han convertido a los albergues en su segundo hogar.
No es sencillo vivir en una tierra que tiembla cada día, donde llueve ceniza y el olor a azufre está siempre presente. Sin embargo, son miles quienes llevan décadas conviviendo con la “Mama Tungurahua”. En sus faldas las tierra es fértil y las posibilidades de aumentar la producción de los campos es mayor que otras regiones. Allí también están sus raíces, sus historias, sus recuerdos.
Aunque han tenido múltiples oportunidades para marcharse, muchos han decidido aprender a convivir con el volcán. “Sabemos que podemos perderlo todo, pero no queremos dejar esta tierra”, comenta Herminia. “Para nosotros lo más importante es comprender y respetar este pedacito de planeta que nos tocó".
¿Qué hacer entonces? Oxfam y la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) han apostado por la implementación de un proyecto de preparativos para desastres en las provincias de Tungurahua y Chimborazo. Esta iniciativa –ejecutada por una de nuestras contrapartes, la Central Ecuatoriana de Servicios Agrícolas (CESA),- se propone reforzar las capacidades de las comunidades y las autoridades locales para enfrentar situaciones de emergencia.
Desde mayo de 2007, gobiernos provinciales y cantonales, líderes comunitarios y juntas de la Defensa Civil participan en la puesta al día de planes de contingencia y protocolos de organización que mejoren sus capacidades para responder a posibles emergencias en las comunidades de Penipe, Guano y Pelileo.
Bolivar Rendón, director de CESA, explica que este esfuerzo busca también mejorar los servicios de agua y saneamiento de las escuelas, salones comunales y otros espacios comunitarios que suelen funcionar como albergues temporales durante una situación de desastre. “Casi un año después del proyecto hemos entregado a las autoridades ecuatoriana 12 albergues que cumplen con todos los estándares internacionales y con capacidad para 1300 personas". señala Bolívar.
La erupción más reciente del Tungurahua, en febrero de 2008, ha puesto a prueba los objetivos del proyecto. ¿El resultado? Los planes de contingencia fueron aplicados en todas las comunidades y las familias recibidas en los albergues contaron con servicios de saneamiento de calidad, espacio suficiente para todos y acceso diario a al menos 15 litros de agua por persona.
Y es que esfuerzos como éste confirman que el impacto de los desastres puede reducirse cuando las comunidades conocen sus amenazas y fortalecen las capacidades y recursos que tienen para enfrentarlas.
Para miles de personas como Herminia en Penipe, Guano y Pelileo, esta iniciativa supone mucho más una acción humanitaria. Es una inversión integral a favor de su infraestructura, de su patrimonio y de su historia… Es una apuesta por su desarrollo y por su vida.
Texto: Susana Arroyo/Oxfam