Oxfam America

Texaco en Ecuador

 

ENTREVISTA: HUMBERTO PIAGUAJE


Por Chris Hufstader

Humberto Piaguaje es un representante del pueblo secoya ante la Asamblea de Delegados de Comunidades Afectadas por Texaco. En esta entrevista describe los efectos de la industria petrolera en los pobladores amazónicos nativos, y la perspectiva de los secoyas sobre el caso contra Texaco.

Por favor cuéntenos sobre el pueblo secoya.

Mi abuela me contó que éramos muchos, muchos secoyas, entre el río Napo y el Putumayo, cerca de la frontera con Colombia.  Debemos haber sido más de 8,000…

Con la conquista española muchas personas murieron de sarampión y varicela. Y todavía cuando mi abuela era niñita tenía que escaparse selva adentro para evitar esas terribles enfermedades. Ella dice que nadie llegó a ayudarlos; la gente se moría en sus casas como pollos.

Luego vino el auge del caucho. Los productores de caucho tenían a los secoyas como esclavos. Muchos secoyas bebían veneno para liberarse de la indignidad del trabajo forzado. Otros huyeron selva adentro. Luego de todos estos trastornos los secoyas se reagruparon  hacia 1970. Éramos solo 120 personas. Y aquellos 120 que quedaban, junto con sus hijos y nietos, fueron los que tuvieron que sufrir el impacto de las compañías petroleras.  Y de aquellos 120, yo era uno de ellos.

Esto es para poner en contexto lo que está sucediendo hoy. Estos 120 continuaron sufriendo. Dos [acaban] de morir de cáncer, y hace ocho años murieron más personas de cáncer.  Así que nos preguntamos, por aquellos 120 nativos y sus descendientes, si nuestros días también están contados; si nos llevará alguna enfermedad en vez de la muerte natural.  Esto es para decir que la vida es incierta hoy.

¿Cuál ha sido el impacto del desarrollo petrolero en la cultura y en la vida de su gente?

Las compañías petroleras han tenido un impacto cultural importante, sobre todo en nuestro territorio.  La manera en que solíamos vivir ,es decir, naturalmente, ya no es más natural. Estamos viviendo el impacto de muchas otras culturas, sobre todo de [la migración moderna]. Antes no necesitábamos dinero porque teníamos todo lo que necesitábamos. Habían animales y pescado; habían frutas y medicinas.  Todo se encontraba en el bosque. Pero ahora debemos salir a comprar todo. También tenemos que comprar cuadernos y útiles escolares. Ahora estamos rodeados por muros escolares para aprender. La educación de antes para los secoyas empezaba a las cuatro de la mañana. Los mayores de la comunidad trabajaban con los jóvenes, enseñándoles a tejer. También contaban historias, leyendas, que nos enseñaban respeto por las personas mayores.

Aunque estamos de acuerdo con que la educación debe darse en el salón de clase, no estamos de acuerdo con que lo único que se debe enseñar es lo que decide el gobierno enseñar.  Vemos que no  nos estamos educando ni educando a nuestros  niños de la manera en que nuestros ancestros nos enseñaron. En ese sentido estamos perdiendo nuestra cultura. Ahora la juventud no sabe nuestras leyendas y nuestras historias y nuestras costumbres. Y  por eso hoy, a través de nuestra propia educación bilingüe estamos tratando de reintegrar nuestros propios valores, nuestras propias culturas, y nuestras propias tradiciones  a nuestra educación.

Otro gran impacto está en el medio ambiente. Por ejemplo, ya no  tenemos más animales porque un paso detrás de las compañías petroleras vienen los colonos. Y cada vez que un colono encuentra un animal le tiene que disparar, lo tiene que matar. [Los animales] huyen cada vez más lejos. Y ahora ya no tenemos más territorios donde podemos encontrar  todo lo necesitamos en torno nuestro, en el que podemos ir de un lado  a otro.  Todo tiene su dueño. Ahora hay otras comunidades (los shuar y los kichwa) en territorio que era antes nuestro. Esto es una reducción de nuestro territorio. Ahora mismo estamos  cercados y circunscritos por diferentes pactos. Hay un pacto con la compañía petrolera; con la compañía de palma africana [que cosecha corazón de palma]; con los colonos; incluso con otros indígenas que han migrado aquí desde  sus hogares ancestrales en otras provincias.

Lo que realmente nos ha dañado es la contaminación de los ríos. Esa es realmente la peor parte, junto con la contaminación del aire y la tierra misma en la que cultivamos nuestras plantas y nuestros alimentos. Estos son los terribles efectos que  nos han enviado. Aunque hablamos de remediación, creo que será difícil reparar lo que ha sido dañado. Pienso que tal vez nunca podremos, porque aunque podamos reparar el ambiente, la sociedad moderna está aquí con nosotros, en nuestras puertas, y nunca podremos reparar eso.

Hemos visto muchas enfermedades nuevas que no veíamos en nuestra gente antes. Nosotros los secoyas sabíamos curarnos nosotros mismos cuando aquellas enfermedades eran enfermedades naturales.  Pero ahora con estas enfermedades desconocidas, ni el mejor sanador entre nosotros sabe cómo curarlas. Pienso que si ahora no tenemos gente que sepa realmente cómo curar aquellas enfermedades antes desconocidas, si no resolvemos este caso contra Texaco, luego los muy pocos secoyas –unos 400 de nosotros—que quedan perderemos  nuestra cultura y seremos liquidados por enfermedades o males. O por otra razón moriremos poquito a poquito. Esto es lo que puedo contarle sobre el impacto de la industria petrolera en la población secoya.

¿Puede ver alguna resolución del caso Texaco que ayudaría a su gente a sobrevivir?

Sí hay esperanza para nosotros, en la manera en que nos hemos estado organizando en torno a Texaco, porque los sionas, los secoyas, y los cofanes,  somos quienes hemos vivido aquí en Sucumbíos. Nosotros somos los propietarios originales de estos territorios y hemos visto todo el daño que ha sido hecho aquí.  Así que nos hemos organizado mediante algunas organizaciones amigas…ellas vinieron y nos hablaron de los derechos humanos; antes no sabíamos nada sobre derechos humanos. Y mediante amigos y alianzas,  los sionas, los secoyas, los cofanes y los kichwas hemos empezado a organizarnos a fin de traer justicia a este caso.
Nosotros, como una parte de las personas afectadas, creemos que como que ya hemos esperado 10 años [mientras el caso languidecía en los tribunales de EEUU], podemos esperar y continuar otros 10 años si es necesario. Esta es nuestra prioridad. La gente está diciendo: “Si  no conseguimos que esto se resuelva, ¿qué estamos haciendo? Si no podemos beber el agua de nuestras fuentes tradicionales…¿entonces qué?”

Así que estamos nuevamente unidos desde que el caso se está presentando aquí en los tribunales, y ahora solo estamos esperando el fallo del juez.  Estamos asesorados por Oxfam y otras personas.  Sentimos que estamos participando en un trabajo común para asegurar el futuro de la gente que está en peligro de desaparecer.
No podemos perder tiempo lamentándonos por lo que ha sucedido. Tenemos que poder defendernos y ejercer los mismos derechos que los mestizos hispanohablantes tienen en nuestro territorio.

Humberto Piaguaje retrato

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Humberto Piaguaje, líder del pueblo secoya de Ecuador.
foto: Coco Laso/Oxfam America
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