Texaco en Ecuador
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DESASTRE AMBIENTAL
El gigante estadounidense del petróleo dejó atrás una enorme extensión de tierra y agua contaminada a cambio de 18,500 millones de galones de agua residual y petróleo.
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Cuando la compañía Texaco, el gigante estadounidense del petróleo, se retiró de las operaciones de perforación en la frondosa selva del Ecuador hace ya más de una década, dejó tras de si una enorme extensión contaminada a cambio de 18,500 millones de agua residual y petróleo. Los desechos abandonados en varios cientos de piscinas envenenaron los ríos y los arroyos de los cuales las comunidades indígenas y los agricultores no indígenas dependen para beber, bañarse y lavar.
Si bien los expertos lo llaman uno de los peores desastres ambientales en el mundo, no fue un caso de alto perfil, en parte por tratarse de una zona muy remota, con residentes pobres –grupos indígenas y campesinos, en su mayoría– y sin influencia política. Aun cuando algunas personas de la localidad empezaron a considerar demandar a Texaco, los obstáculos intimidaban. ¿Cómo podría alguien reunir a las decenas de miles de persona afectadas por el daño? ¿Y cómo podrían tomarse decisiones que satisfagan a todos?
El Frente de Defensa de la Amazonía (FDA) estaba a la altura del desafío. Formado en 1994 para encontrar maneras de presionar a Texaco para que limpiara el daño por completo, esta agrupacion de organizaciones comunitarias locales ha aprendido mucho a lo largo de la década pasada. Su primer reto fue educar a la gente respecto al daño. Aun cuando los residentes locales estaban sufriendo de enfermedades antes desconocidas y la tasa de cáncer se estaba elevando, la gente no asociaba esos problemas con la contaminación. Sin embargo una vez que advirtieron la magnitud del problema, se agruparon para buscar una solución.
Mientras tanto la compañía insistía en que había limpiado sus piscinas de desechos a satisfacción del gobierno y que no tenía mayor responsabilidad. En efecto, dice el abogado estadounidense Steve Donziger que asesora al equipo legal de los demandantes, la compañía cubrió algunas de las piscinas solo con tierra, dejando que el petróleo tóxico, los químicos y los metales pesados se filtraran hacia el agua del subsuelo y viajaran millas río abajo, afectando incluso a comunidades lejanas. “Exactamente como aplicar un maquillaje”, dice Donziger.
Lea la entrevista completa con Steven Donziger
Un estudio comisionado por PetroEcuador, la petrolera estatal, y llevado a cabo por el Frente de Defensa de la Amazonía documentó la verdadera extensión de los problemas ambientales y de salud. Aquel estudio, que es hoy parte de la evidencia en el caso, “demuestra por vez primera que todas las 207 piscinas que Texaco afirma haber remediado tienen concentraciones de petróleo debajo de la basura utilizada para cubrir los fosos”, dice Donziger. “Son estudios innovadores que presentan lo que creo que es un caso convincente de que algo andaba terriblemente mal aquí”.
La preocupación de que no consiguirían un juicio justo en Ecuador, hizo que los demandantes llevaran su caso contra Texaco a las cortes de Estados Unidos. Durante la siguiente década avanzó lentamente en diversas instancias hasta el 2003, cuando un juez de EEUU dictaminó que el caso debería ventilarse primero en Ecuador.
Grupos locales llaman al caso “el juicio del siglo” por el trascendente impacto que podría tener en las leyes ambientales y en los derechos indígenas y de la comunidad en casos que comprenden a compañías petroleras y mineras en el mundo. Esto empezó el 21 de octubre de 2003 en el pueblito selvático Lago Agrio, al norte del Ecuador.
El juez ha escuchado los testimonios de los testigos y ha examinado los documentos del caso. En 2004, está inspeccionando físicamente al menos 50 piscinas de desechos. Los abogados esperan una decisión para fines de 2004, aunque puedan continuar algunas apelaciones durante varios años más.