Oxfam America

Texaco en Ecuador

 

EL CASO DEL SIGLO


Por Barbara Fraser

Si bien las chances parecen reducidas en este caso de David y Goliat, con pequeñas comunidades campesinas e indígenas enfrentadas a un gigante del petróleo, los demandantes se han mantenido firmes durante una década.
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La demanda presentada contra el gigante petrolero ChevronTexaco, que acusa a la compañía de un daño ambiental masivo en el nororiente de la selva ecuatoriana, está ahora en una fase decisiva. Luego de casi una década en cortes estadounidenses, el caso ha retornado al Ecuador y se han abierto audiencias en el pueblo selvático norteño de Lago Agrio en octubre de 2003. Luego de escuchar los testimonios y revisar las evidencias escritas, el juez Efraín Novillo  reunió a un equipo de expertos para que lo acompañaran a visitar  50 piscinas de desechos dejadas por la compañía cuando se retiró de la zona a principios de los años 90.

“Le hemos solicitado que visite 30 de los cientos de las piscinas de desechos y hable con la gente que vive cerca de aquellas piscinas”, dice el abogado estadounidense Steve Donziger, miembro del equipo legal que representa  a unas 30,000 personas afectadas por agentes contaminadores que se han filtrado al suelo y a las aguas del subsuelo.

De 1971 a 1992 un consorcio que comprendía a Texaco y a la compañía petrolera estatal PetroEcuador extrajo 1,500 millones de barriles de petróleo de aquella región del Amazonas. Los demandantes dicen que la compañía había dispuesto de manera inapropiada 18,500 millones galones de agua residual.

Los abogados de la compañía pidieron al juez que rechazara el caso con el argumento que ChevronTexaco, los dos gigantes petroleros fusionados desde que Texaco dejó el Ecuador, no es responsable de las acciones de su subsidiaria ahora difunta. Además, decían que Texaco había gastado unos US$40 millones en esfuerzos de limpieza, a satisfacción del gobierno ecuatoriano.

Pero Donziger  dice que los expertos han indicado que una verdadera limpieza costaría más de US$6,000 millones. La demanda no busca daños específicos, sino una limpieza y remediación completa del daño ambiental.

Si bien las chances parecen reducidas en este caso de David y Goliat de pequeñas comunidades campesinas e indígenas enfrentadas a un gigante del petróleo, los demandantes se han mantenido firmes durante una década. Una de las fuerzas detrás de esta persistencia es la contraparte de Oxfam América, el Frente de Defensa de la Amazonía, una agrupacion de  comunidades y organizaciones de base y municipalidades en la región nororiente de Ecuador.

Otra fuerza es la unidad de la Asamblea de Delegados de las Comunidades Afectadas por Texaco, que ha desarrollado un inusual enfoque basado en el consenso para tomar decisiones respecto a las acciones de los demandantes que podrían servir como modelo para otros grupos envueltos en problemas ambientales.  Oxfam América ha apoyado el trabajo de la Asamblea desde su inicio y  está monitoreando con cuidado el progreso del caso.

Si bien Donziger y otros abogados tienen un optimismo cauto acerca de los resultados del caso,  advierten que las apelaciones pueden durar años. Si los demandantes no reciben satisfacción de las cortes ecuatorianas,  podrían volver a enjuiciar a Texaco en EEUU.

Aun cuando el daño ocurrió hace más de una década, los efectos siguen siendo serios. “La limpieza que la compañía efectuó fue un desastre, porque solo cubrieron las piscinas de desechos con tierra”, dice el Reverendo José Miguel Goldáraz, un sacerdote católico que trabaja en la zona. “Ahora el daño es mucho mayor, porque los contaminantes se han filtrado al agua. Puede ser menos visible, pero es más grave”.

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