Oxfam America

Cambiando el legado de violencia en El Salvador

02 07 2005

En un ambiente tenso de post-conflicto, las mujeres están demandando cambios y defendiendo sus derechos.


Por Chris Hufstader

El constante clima de violencia en El Salvador está causando estragos en las mujeres de ese pequeño país centroamericano. La mayoría de las víctimas de crímenes violentos son mujeres y se estima que unas mil han sido asesinadas entre 1999 y 2005, según un estudio de una coalición de organizaciones que combaten la violencia contra las mujeres,  financiada por Oxfam América. 

El estudio muestra que en los primeros cuatro meses del 2004 hubo 1,054 casos de violencia doméstica reportados a la Oficina de Asuntos de la Mujer. Casi un 94 por ciento de las víctimas eran mujeres y sólo un 20 por ciento de los casos fueron llevados a los tribunales.

Asimismo, según un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo de las Naciones Unidas (PNUD), 238 mujeres fueron asesinadas por sus esposos en 2003 y muchos temen que la cifra aumente.

El alto índice de crímenes violentos en El Salvador, un pequeño país de 6 millones de habitantes, es uno de los legados de una guerra civil de 12 años que dejó 75,000 muertos y 8,000 personas desaparecidas. Un período en el que las mujeres llevaron una carga particularmente pesada. 

Al legado de la guerra se suma un fuerte orden social patriarcal que hace difícil lograr cambios a favor de las mujeres.  La violencia aún es considerada una forma aceptable de dominación y cualquier mujer que rompe con los roles tradicionales o reclama por las injusticias a que se le somete corre el riesgo de sufrir más agresiones.

La violencia y la pobreza oprimen más a las mujeres

En medio de un doloroso proceso de reconciliación --con investigaciones pendientes sobre atrocidades ocurridas en la guerra, muchas de las cuales afectaron directamente a mujeres y niñas, y críticas sobre la impunidad de los presuntos responsables de esos crímenes-- se ha hace difícil enfrentar los constantes crímenes violentos contra mujeres y niñas que aún sufre la sociedad salvadoreña.

Un total de 2,105 crímenes violentos contra mujeres se registraron en 1996 y esa cifra se elevó a 4,672 en el año 2000, según el informe del PNUD del año 2000.  Aunque el incremento registrado podría estar relacionado con una disminución del subregistro de datos que tradicionalmente oculta las verdaderas cifras de violencia contra las mujeres, se estima que hasta hoy persisten las presiones sociales contra la denuncia y el miedo a enfrentar públicamente el tema por las represalias, lo que indicaría que una gran cantidad de casos siguen sin quedar registrados.

Y si bien las actitudes oficiales con respecto a la violencia están evolucionando lentamente (fue hasta 1996 que se revocó una ley que exoneraba de culpa a un violador si ofrecía casarse con la víctima y ésta aceptaba), la situación económica actual no es de gran ayuda.

Las mujeres representan a gran parte del sector más pobre de la sociedad en un país donde el índice de desempleo afecta a un 50% de la población y donde la mitad de los habitantes vive en condiciones de pobreza.  Muchas mujeres sólo tienen acceso a trabajos informales con bajos salarios y sin beneficio social. En las fábricas y en actividades domésticas en las ciudades no son bien pagadas ni tienen condiciones de trabajo favorables. En esas circunstancias, las mujeres tienen a su cargo más de una cuarta parte de los hogares del país.

Derrotando la violencia contra las mujeres

Resulta esencial detener la violencia y la discriminación contra las mujeres para que, tanto los hombres como las mujeres salvadoreñas, puedan escapar de la pobreza.

Oxfam América financia a una coalición de organizaciones que busca reformar las leyes y las prácticas institucionales en El Salvador para cambiar la actitud de la sociedad hacia las mujeres.  Una de sus primeras tareas es establecer firmemente los derechos de la mujer como una prioridad para el gobierno y mejorar la atención a los temas femeninos en los medios de comunicación.

Uno de estos grupos es la Asociación de Mujeres Salvadoreñas (AMS), la cual trabaja para disminuir las desigualdades de género en el poder político salvadoreño.  Menos de un 10 por ciento de los puestos en la Asamblea Legislativa están ocupados por mujeres y la representación política en los espacios locales no es mejor. 

“Siempre he estado convencida de que es necesario darle voz a quienes no son escuchados”, dijo Yanira Argueta, directora de la AMS.  “Esperamos ver una gran movilización de mujeres y de defensores de los derechos de la mujer emergiendo como resultado de nuestra campaña. Teniendo en cuenta el alto índice de asesinatos de mujeres –los llamamos ‘femicidio’-- podemos ver que está afectando a todas las  mujeres en la sociedad y por ello todas se sienten vulnerables.”

La AMS ayuda a las mujeres a realizar “tribunales”, un tipo de foro en el que las mujeres presentan sus preocupaciones sobre temas locales que afectan su seguridad, su salud y sus derechos. En una ciudad, en la que los miembros de un tribunal criticaron a la clínica de salud local por la forma en que trataba a las mujeres víctimas de violencia, la situación cambió rápidamente cuando contactaron al director de la clínica, dijo Argueta. “Ahora su manera de pensar ha cambiado totalmente,” explicó. “Él es uno de los mayores defensores de las mujeres y de sus preocupaciones de salud.”

En otro caso, un tribunal contactó a la policía para informarle sobre asuntos de seguridad pública. “Mostraron que en un vecindario había una mayor incidencia de ataques a mujeres en la calle,” dijo Argueta. “Y el alcalde realmente informó a la policía nacional de esa jurisdicción, asegurándose que se realizara patrullajes adicionales en esas áreas. Como primer resultado, la violencia disminuyó en las áreas donde hubo un incremento de la presencia policial. Pero podemos también decir que realmente utilizamos a la policía para crear una mayor sensibilidad entre los hombres. La policía ayudó a convencerlos de no cometer actos de violencia contra las mujeres y a garantizar que otros no lo hagan tampoco.

El tribunal de las mujeres en esa área fue tan exitoso que ayudó a promover un cambio notable en las actitudes locales contra la violencia. “Existe una red de hombres en contra de la violencia de género, la cual se ha formado allí y está empezando a funcionar,” dijo Argueta.  “Pensamos que es realmente fabuloso. El alcalde dice que hay 50 hombres que ya son miembros de esta red en el municipio.  Estoy contenta porque eso demuestra que con un poco de tiempo y mucho trabajo hemos logrado una propuesta real de política municipal sobre género aquí.”

“Verdaderamente hemos estado tratando de lograr un gran cambio de mentalidad en nuestra sociedad y es más sencillo hacerlo a nivel local,” dijo Argueta, quien combatió en la guerra durante su adolescencia y que al terminar el conflicto asumió el compromiso de mejorar los derechos de la mujer en su país. “Pero nosotros tenemos los ojos puestos en llegar al nivel nacional. Es por eso que estamos empezando en el nivel local e intentamos crear las condiciones necesarias para poder alcanzarlo en el nivel nacional”, concluyó.

Yanira Argueta_es

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“Siempre he estado convencida de que es necesario darle voz a quienes no son escuchados.” Yanira Argueta, directora de la AMS.
foto: Jeff Deutsch/Oxfam America
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