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Capacitaciones y empleo para empoderar a las mujeres campesinas

Introducido: 11 06 2008

Un proyecto de diversificación agrícola apoyado por Oxfam Internacional tiene doble ventaja para mujeres. Con la construcción de invernaderos se crean empleos para ellas, lo que las empodera económicamente. Al mismo tiempo se construyen nuevos liderazgos mediante la capacitación de esas mismas mujeres.


Por Tjarda Muller

El jardín botánico Macrademia en Palmira, provincia de Cienfuegos, Cuba, tiene 1,300 especies diferentes de plantas y es el segundo más importante del país. En este jardín, bajo la sombra de árboles frutales y palmeras nos reunimos con un grupo de unas 20 mujeres; todas dirigentes y mujeres lideresas. Con el cacareo de gallos y el gorjeo de pájaros como fondo, hablamos sobre el cambio del papel de las mujeres en la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), impulsado en parte por un proyecto de género apoyado por Oxfam Internacional.

“El proyecto ha sido muy favorable para todas nosotras, porque nos hemos visto encaminadas de forma muy positiva en la ANAP” empieza Ydalmez González la conversación. “Y realmente, para mi experiencia personal ha sido muy fructífera. Se impartieron temas de género, de organización, comunicación, computación y agroecología. Aprendimos mucho. Da mucha satisfacción”, explica.

Creando empleo y formando nuevos liderazgos

El trabajo para aumentar el perfil de las mujeres en las cooperativas está incorporado en los proyectos de producción y transformación agrícola que Oxfam ha venido desarrollado con ANAP desde 1996. Muchas mujeres en las áreas rurales de Cuba están buscando empleo, pero no hay muchas oportunidades. Aportando a la solución de este problema, Oxfam ha incluido en sus proyectos la construcción de viveros y de casas de cultivo –o invernaderos– donde pueden trabajar las mujeres. Además, se organizan talleres con diferentes temas como género, organización y comunicación, con el afán de levantar la autoestima de las mujeres y formar nuevos liderazgos. Hoy en día, en las dos municipalidades de Roda y Palmiras, se han formado 60 nuevas lideresas. El proyecto tuvo tanto éxito que la ANAP decidió incrementar la atención al tema de género al nivel nacional.

“Este proyecto nos sirvió de base para seguir trabajando lo que aspiramos desde hace años. Las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres, esto establece la ley. Pero en la vida práctica, desde el punto de vista social, no era así” afirma Alberto Curbelo, presidente de ANAP Cienfuegos. “Hoy en día, a raíz de este proyecto, el 53% de los líderes en esta provincia son mujeres. Entonces, al ver estos buenos resultados, decidimos desarrollar la estrategia de género de ANAP nacional. Esta estrategia nos permite identificar en cada cooperativa cuales son los problemas que limitan la incorporación de mujeres y cómo podemos resolverlos. Además, el proyecto sirvió también para que las mujeres y los hombres identificaran sus propias potencialidades y posibilidades.”

Crecimiento personal

Para Carmen Padrón, presidente de una Cooperativa de Crédito y Servicios, el trabajo de género de la ANAP ha sido clave para su desarrollo. “Empecé en ANAP como administradora de una cooperativa agropecuaria” comenta. “A raíz de este proyecto de mujeres líderes me empecé a sentir segura. Empecé, dentro de la misma cooperativa, a desarrollar otras funciones. Me metí un poco en lo que es la producción de caña, a dirigir un poco a mis compañeros de trabajo. Y mis compañeros, independientemente de que me respetaban como mujer, me veían como dirigente.”

“Después pasé a administrar una cooperativa cañera con 125 cooperativistas afiliados”, continúa. “No me fue difícil. Aprendí mucho en los talleres de mujeres. Me sentí segura. Aprendí dirección, comunicación, cómo dirigirme a mis compañeros de trabajo, cómo lograr que ellos hicieran las cosas sin ofenderles, sin maltratarlos, sin imponerme. O sea, con el poder del convencimiento. Pero cuando pasé, hace algunos meses, a dirigir una cooperativa entera, pensé que tal vez no me aceptarían. Pero no, me aceptaron de lo más bien. Como ya tenía conocimiento, no me fue difícil. Y el campesino actual no es el de antes. Acepta que la mujer le dirija, que la mujer dé sus opiniones; la toman en cuenta. Así que no es difícil ser mujer dirigente. Pero si no hubiera pasado por todas esas capacitaciones, toda esa enseñanza, todo este conocimiento que he adquirido, yo no lo hubiera hecho. Hubiera seguido detrás del escritorio, llenando mis numeritos. De ahí no me hubieron sacado”, afirma.

Pero no solamente mujeres adultas y mayores están descubriendo esas nuevas habilidades y posibilidades. Con sus veintitantos años Yamelis Ferrón tuvo que participar como oradora en un acto oficial, frente a una multitud de miles de campesinos y campesinas. “Realmente era muy emocionante, porque cuando salí, la gente me decía “No te creía capaz de eso”, “No pensé que tenías el valor de pararte delante de tantas personas y hablar”, recuerda su experiencia. “En la escuela tenía pánico cuando me mandaban a hablar delante de un grupo. Pero cuando entré en este movimiento de mujeres lideresas, poco a poco perdí el miedo. Me siento muy orgullosa de haber empezado desde la base. Ya soy suplente en el municipio de Rodas y sigo trabajando. Son pasos chiquitos, pero son pasos que se van sintiendo”.


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